Dice el refrán popular que a perro flaco, todo se le vuelven pulgas, o que las desgracias nunca vienen solas. En el actual Betis está pasando algo parecido. Partiendo de todos los errores que ha cometido el club a la hora de conformar una plantilla que debía competir en, las tan ansiadas, tres competiciones, se puede decir que desde la lesión de Rubén Castro a principios de la pretemporada hasta el partido ante el Levante, tampoco es que los verdiblancos hayan tenido mucha suerte. Todo lo contrario.
No es menos cierto que la actitud de los jugadores ha dejado mucho que desear en varios partidos, pero hubo otros en los que los árbitros le privaron de algunos puntos. En el Bernabéu mereció más y no le pitaron dos penaltis; el Celta se adelantó en el marcador con un gol en fuera de juego; y ayer ante el Levante, se le anuló un tanto a Jorge Molina que era legal. No excuso nada. Si el Betis está en descenso es por méritos propios, pero es un reflejo de que, esta temporada, no le está sonriendo la fortuna tampoco. Si a eso le sumamos la inoperancia de una plantilla cogida por afileres ... el resultado es el que muestra la tabla.
Lo de anoche fue la definitiva muestra de que el Betis está en un momento horrendo. Era el partido clave, tras la convulsa semana y ante un rival asequible, pero todo empezó a torcerse con la absurda acción de Chica (que para mí no debería jugar más en lo que queda de curso). Pese a todo, fue mejor que su rival, pero no fue capaz de ganar ni repitiendo un penalti en dos ocasiones. El equipo muestra síntomas claros del club que, en muchas ocasiones, desciende por sorpresa y al que no le sale nada y todo se le vuelve en contra. Eso es un problema y una sensación que hay empezar a borrar desde ya. No queda otra que ganar en Málaga y disipar fantasmas.

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