
Es cierto eso que dicen de que la lluvia en Sevilla es una maravilla porque hoy se ha reafirmado en el Manuel Ruiz de Lopera o Benito Villamarín, como cada cual lo quiera llamar. Una tarde "de perros", de lluvia, de viento la ha convertido el Betis en un espectáculo de buen fútbol y goles. Los de Chaparro comenzaron el partido como viene siendo habitual, como un cohete, y ésta vez dio sus frutos porque antes de que se cumpliera el primer minuto de juego Damiá fusilaba a Moyá tras recibir un magnífico pase de Mehmet Aurelio (el turco volvió a liderar al conjunto bético). Las cosas se ponían mejor que nunca. El Betis dominaba el balón y el tanto verdiblanco dejó muy tocado a los de Manzano que todavía no reaccionaban a lo que había pasado. Las ocasiones béticas caían al mismo ritmo que lo hacía la lluvia. Emaná en dos ocasiones y Juanito pudieron hacer el segundo pero en ninguno de los casos obtuvieron premio. El centro del campo del conjunto verdiblanco asfixiaba al bermellón y el dominio de la pelota era siempre heliopolitano. Sólo algún disparo lejano de Varela inquietaba la portería de Casto. Pavone avisaba de lo que un poco más tarde iba a acontecer. Y a dos minutos para el descanso una jugada perfecta que nace en Capi, Damía asiste a Emaná y éste hace lo propio con Pavone se convertía en el tanto de la tranquilidad y en el primero de la cuenta del argentino.
Lluvia y Tranquilidad
La gente seguía mojándose pero disfrutando como hacía tiempo que no lo hacía. El Mallorca intentaba estirarse y poco a poco se acercaba a la portería bética aunque el toque de balón de los jugadores del Real Betis y la tranquilidad con la que lo hacían superaba la entrega de los pupilos de Gregorio Manzano. Tras un carrusel de oportunidades de uno y otro llegó la maestría de Mehmet que robaba un esférico lo conducía con autopase incluido y asistía a Sergio García, muy activo durante todo el encuentro, y el catalán cedía a Emaná que redondeaba la tarde.
Con el choque cómodo, Paco Chaparro dio entrada a Juanma y a Edu, quién se llevó la mayor ovación de la tarde. Tarde o temprano y jugando así la victoria tenía que llegar, ahora sí que tiene que ser fiel a este estilo de juego y llegarán mucha alegrías.
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