
Como diría Jesulín, en dos palabras Im-prezionante. Nuestro mejor tenista de la historia nos volvió a dar otro éxito y a dejar boquiabierto a más de uno. Yo, como muchos, me levanté a las nueve de la mañana del domingo para ver un espectáculo. Un partido de tenis a la altura de muy pocos, si me apuran al de la semifinal española entre Rafa y Verdasco, otro magnífico partido. Un partido de tenis que tuvo que gustar hasta al que no entiende de esto. Y Rafael Nadal consiguió que el 'madrugón' (para ser un domingo) valiera la pena. Desde el primer peloteo del partido se podía observar que iba a ser una lucha de titanes y una final intensa, como todas las que llevan disputadas estos genios de la raqueta.
Nadal superó todos los obstáculos que le hacían llegar a la final con una desventaja sobre Federer. Sobre todo el cansancio acumulado y la fatiga. El manacorí tuvo un día menos de descanso, lo cual se multiplica después del largísimo partido ante Verdasco. ¡¡5 horas y cuarto!!. Una locura. Pero las características que posee este hombre lo hacen muy superior al resto de mortales. Sin duda su fortaleza mental no es comparable con ninguna de sus competidores, y eso lo hace especial. Su elasticidad y plasticidad a la hora de jugar al tenis son dignas de elogio y por ello es el numero uno del ránking ATP.
Hizo un esfuerzo sobrehumano y logró desestabilizar al suizo que no sabe lo que hacer para vencerle. Antes sólo era en tierra batida, pero con el Wimbledon del año pasado y este Open de Australia en hierba y pista rápida respectivamente ha quedado a las claras que es en este momento mejor que él en cualquier superficie. Pero lo que le hace grande de verdad es su humildad; esto lo tienen muy poquitos deportistas de élite y él lo lleva por bandera. Su abrazo a un Federer desconsolado y el prólogo de su discurso pidiendo disculpas es de chapeau.
Enhorabuena campeón, sigue así que eres un ejemplo para muchos de los que te siguen. Y enhorabuena también a Verdasco por el gran torneo que ha disputado y por esa preciosa semifinal que nos hizo vivir.
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