miércoles, 30 de diciembre de 2015

El miedo de Mel

Pepe Mel ha evolucionado bastante como técnico. Es un hecho palpable. Aquel entrenador que llegó a un solar en 2010, y tuvo que ponerse al mando de demasiadas cosas para devolverle al Betis una estabilidad deportiva, no existe. El que hay ahora se le parece. Pero sólo eso. Aquel entrenador no tenía miedo. Se defendía con una lanza, pero no con un escudo. Llegaba a Heliópolis como aire fresco, con todo lo puro que conlleva arribar a un sitio nuevo (aunque ya lo hubiera hecho antes como jugador), y se lanzaba al vacío si la situación lo requería sin preguntar antes.

Descarado, divertido, valiente, casi kamikaze en algunas ocasiones. Así era el Pepe Mel de 2010 y sus primeros años en Sevilla. Hasta que llegó fracaso de 2013. Y eso que no le pertenecía el mayor cargo de las culpas sobre la desastrosa temporada del equipo que, con unos ridículos 25 puntos, caía al pozo de la Segunda división. El mazazo para el madrileño fue como si se le cayera el piano del anuncio de George Clooney encima. Lo habían despedido de 'su' club, aquel que levantó prácticamente solo tres años atrás. Aquel que consiguió meter en Europa y en el que esperaba estar muchos años. El sueño se había hecho añicos en un momento. Pese a que la afición le cantaba y coreaba su nombre, lo cierto es que tocaba coger las maletas para dejar atrás su casa.


Como un psicoanalista diría, es ahí donde reside el problema. Ese es el origen de todo. Sólo un año después lo llaman para volver a rescatar al club. Y ahí que va Pepe Mel. Y asciende de nuevo al equipo. Y además, relativamente fácil. Pero ya no es lo mismo. Ya no es el entrenador valiente de 2010. El miedo le recorre las venas.  Y se percibe en todas sus declaraciones y alineaciones. En sus cambios, de los que él mismo se culpa asumiendo errores. Todo por el miedo al fracaso. La responsabilidad es brutal y la presión inaguantable. Y la división de la afición es notoria. Pero, a pesar de todo, y en su vuelta a la máxima categoría, hace una primera vuelta notable en cuanto a resultados. Pero ya no es lo mismo. Ahora es el miedo quien se apodera del entrenador. El miedo al fracaso.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Campeones de altura

Japón 2006, Polonia 2009, Lituania 2011 y Lille 2015. Todas estas fechas y lugares tienen un denominador común: Los jugadores de la selección española de baloncesto levantando un trofeo y la medalla de oro. Con la base de unos jugadores que en menos de diez años han ganado cuatro campeonatos y han jugado tres finales más. Así, tal y como suena. Aunque se escriba rápido, hacerlo tiene un mérito descomunal.

Van pasando jugadores, aquellos que por edad u otro motivo van dejando de vestir la camiseta de la selección, pero queda la esencia. La esencia de unos gladiadores que han escrito una historia de éxito y amistad. Sobre todo de lo segundo. Pau, Felipe, Navarro, 'Chacho', Rudy mantienen la leyenda de un grupo que estaba creado para ganar, mantienen el espíritu de una familia. Una familia a la que se les ha acoplado jugadores con un talento especial para esto de la canasta y que inyectan energía y frescura: Llull, Claver, Mirotic, etc. Todos liderados por el 'jefe'. Por el primero de todos. Por la excelsa calidad de un gigante de Sant Boi. Don Pau Gasol.

Lo mejor de todo es la sensación que te queda después de saber que has sido el mejor y que en la plantilla que ha disputado este torneo no estaban jugadores como Calderón, Ricky Rubio, Navarro, Ibaka o Marc Gasol... Un dato que muestra el nivel del baloncesto nacional. Próximo destino: Río 2016. Que esto no acabe nunca.

lunes, 25 de mayo de 2015

Bendito 20 de diciembre

El Betis certificó con una goleada su vuelta a la Primera división del fútbol español. Y aunque sus resultados en la segunda vuelta del campeonato puedan hacer pensar que resultó fácil, no lo fue. Con una plantilla con muchísimas carencias, sobre todo defensivas, el trabajo del entrenador se antoja esencial. Pero eso fue algo demasiado difícil para Julio Velázquez. Le vino todo tremendamente grande. Fue como si a alguien que se acaba de sacar el carné de conducir le das un camión de seis ejes. Seguramente se acabe estrellando. Y, efectivamente, eso fue lo que sucedió. 

Con el club en una nueva regeneración institucional y en otra situación estrambótica, a alguien se le ocurrió volver a llamar a Pepe Mel. Bendita decisión. Sólo restaba que la otra parte aceptara. Y aceptó. Bendita decisión. El 20 de diciembre se hacía oficial. Y, como el fútbol no es 2+2=4, pero se le parece, la cosa volvió a funcionar. Con el retoque de Portillo (fundamental en el crecimiento del equipo) y la mano de Mel, el Betis está de nuevo en la máxima categoría. No es que Pepe sea mago ni el mejor entrenador del mundo pero puso a los buenos (los pocos que hay) y le dio un sentido y un camino al equipo. Con la inestimable ayuda previa de Merino todo se recompuso y empezaron a llegar los buenos resultados.

Decía Julio Velázquez, alias "el iluminado", que el Betis era como cualquier otro equipo de la categoría y que se ascendía en junio. Pues hasta para eso se equivocó. El 24 de MAYO, Mel y los suyos le demostraron lo contrario. Y con una barbaridad de puntos que en otros años no hicieron falta. Déjese de hablar culto y aprenda de los que saben. Por el bien del Betis, bendito aquel 20 de diciembre.

viernes, 8 de mayo de 2015

La 'Sevilla League'

Hacía tiempo que no pisaba estos lares, pero este Sevilla de Monchi y Emery inspira a cualquiera que quiera soltar algunas letras después de verlo jugar. Y así ha sido. Una nueva exhibición en otra noche para el recuerdo en el barrio de Nervión merece el elogio y la reverencia de todo aquel al que le guste el fútbol. Esta vez la víctima fue la Fiorentina de Joaquín, Borja Valero, Mario Gómez o Salah. Ninguno de ellos estuvo a la altura. Quizás el ex bético fue el que más lo intentó. Pero los 'viola' se vieron superados por un equipo con alas que vuela a la velocidad de la luz y que no te perdona un solo fallo. Y por eso, media Sevilla volverá a disfrutar de una final europea. Otra más.

Los dos nombres propios mencionados al principio del texto han conformado un equipo sobresaliente. Una plantilla de innumerables recursos y con todo tipo de registros que tiene el mismo hambre que aquel que por estas fechas sacaba un billete de avión para Eindhoven hace nueve años. Y vendiendo caro y comprando relativamente barato. Año tras año. Lo de la dirección deportiva se queda sin calificativos y se valorará en su justa medida cuando no estén. Pero Emery ha conseguido formar un equipo al que le cambia cada tres días los nombres y que rinde de la misma manera, es decir, de una forma excelente. Un equipo que ya vuela hacia Varsovia pilotado por Aleix Vidal.

Y si ya hablamos de la Europa League, esto ya toma forma de matrimonio. Creo que el Sevilla ha vulgarizado esta competición. Y no, no es porque el conjunto nervionense sea vulgar. Hace mucho tiempo que dejó de serlo deportivamente hablando. La ha vulgarizado porque ha hecho que parezca sencillo ganarla. Es algo especial, sin duda. Sólo hace falta esperar el momento para volver a colocar la palabra épica en algún titular de una crónica a lo largo de la competición. El gol de Puerta, el de Palop, la remontada y tanda de penaltis contra el Betis, el gol de M'bia... La suerte es un factor clave, pero los últimos diez años de éxitos no son consecuencia de la suerte.

Ayer se consumó un nuevo éxito en su competición fetiche. En la que todo el mundo futbolístico lo teme. En la que no importa que el partido de ida sea en casa. En la que aparecen los milagros. En su torneo. En la que parece haber convertido en su trofeo de verano al que invita a los rivales y casi siempre gana él. Aquí manda el Sevilla. La cabecera del torneo debería ser: Bienvenidos a la Sevilla League.

viernes, 3 de octubre de 2014

La ilógica de Emery

En el fútbol las cosas cambian de un día para otro. Una veces de forma involuntaria y otras por culpa de los propios protagonistas. Ésta última, es la culpable de este escrito. Y su tema central, la lógica ilógica de Unai Emery. El sonrojante empate del Sevilla en Rijeka, ante un equipo netamente inferior al nervionense, me ha empujado a dedicarle unas líneas al entrenador vasco. Mis palabras de alabanza tanto a él como al equipo tras la victoria ante la Real Sociedad, que significó el mejor arranque de la historia del club, tienen que echarse a un lado para recibir y dejar paso a una crítica, en mi opinión,
merecida.

Con la idea clara de cómo jugaba este Sevilla, de que los resultados salían y todo iba sobre ruedas, apareció el Calderón. Y a su entrenador no se le ocurre otra cosa que cambiarlo todo. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Quizás un ataque de entrenador. Quizás miedo al rival. El caso es que el equipo vuelve de Madrid con una goleada y dejando una imagen catastrófica. Todo el mundo coincide en que el entrenador se equivocó en el planteamiento y en la alineación. Hasta ahí, vale. Un mal día lo puede tener cualquiera, aunque no tenga justificación.

El problema llega cuando te equivocas jugando en el campo del Rijeka. Emery, un estudioso de este deporte, seguro que sabía que era un equipo que se iba a encerrar e iba a dejar pocos espacios. Pues aun así, el vasco decide no desprenderse de su inamovible doble pivote físico y defensivo. Primer error. Un fallo que tiene relación con el segundo error: colocar a Banega de mediapunta. Y mira que le conoce bien. Perdido. Si es un equipo muy defensivo, ¿por qué poner a Aleix Vidal en lugar de a Deulofeu? Tercer error. Y, para terminar, el centro de la defensa. 'Kolo' de central. ¿Por qué? Si Arribas ha jugado 104 partidos de central en Primera división, y el galo sólo 6 en toda su carrera, ¿qué le lleva a pensar que hay que poner al segundo? Porque la lógica seguro que no. Y no estoy enjuiciando al francés por la acción del penalti. Va más allá de eso.

Emery se ha equivocado mucho en pocos días. Y eso es una mala noticia. Eso sí, tiene crédito y tiempo para rectificar.

jueves, 25 de septiembre de 2014

La paciencia tiene su premio

Tras la victoria del Sevilla por un tanto a cero ante la Real Sociedad es inevitable hacer uso de la memoria y acordarse de lo que pasaba por Nervión hace tan sólo un año. El 22 de septiembre de 2013 un renovado Sevilla salía de Mestalla con una derrota (3-1) y como colista de Primera división. Las dudas y las críticas llovían. El club había vendido a sus mejores jugadores (Navas, Negredo, Medel, Kondogbia, ...) y había realizado hasta trece incorporaciones. Con lo que todo ello conlleva. Tras una pretemporada ilusionante (goleada al Manchester United en Old Trafford incluída), todo parecía derrumbarse después de cinco jornadas de Liga.

Había muchas críticas, pero también había pensamientos más pacientes que tenían confianza en el proyecto, entre los que me incluyo. Tenía la certeza de que se había fichado bien y había que dar tiempo a que el entrenador conjuntara un bloque. Y ya lo creo que lo hizo. Salvo la catástrofe contra el Racing en Copa, la temporada fue todo un éxito. Es un dato curioso que de aquel equipo titular que saltó a Mestalla hace un año, sólo seis jugadores continúan en el actual Sevilla: Beto, Navarro, Coke, M'Bia, Vitolo y Gameiro.

Un año después, el Sevilla se ha vuelto a reinventar y ha realizado el mejor arranque de su historia compartiendo liderato con el Barcelona. Un sólo año después. Del último al primero. Y con la venta de tu mejor jugador entre medias. La paciencia, ese argumento tan escaso en el fútbol, tiene su premio en muchos casos. Confianza y paciencia. Podemos hablar de dónde estaría Emery si el Betis lo hubiera eliminado en la Europa League, pero lo cierto y verdad es que está en el banquillo del Sánchez Pizjuán y tiene a su equipo en lo más alto de la tabla. Lo demás, conjeturas.

El Sevilla tiene algo que echará mucho de menos cuando no esté. Su director deportivo no para de hacer un equipo nuevo cada vez que el club lo necesita y de vender jugadores por cifras millonarias. Y tras el arranque de la 14/15, ¿quién se atreve a decir que lo mejor no está por llegar? Yo no, desde luego.

jueves, 13 de marzo de 2014

Fútbol, sólo fútbol

Faltan horas para que se produzca en Ramón Sánchez Pizjuán algo histórico, un derbi entre Sevilla y Betis, Betis y Sevilla, en una competición europea. Me apetece escribir algo de un hecho de tal calibre. Que, a estas alturas de temporada, podamos disfrutar de esta eliminatoria es para sentirse afortunado, porque para cualquier sevillano, sea o no futbolero, es uno de los días grande del año. "La gran fiesta del fútbol sevillano", que lo titulan algunos. No está mal tirado.

Pese a que podría hacerlo, no voy a analizar a los dos equipos, porque, además, creo que sólo hace falta mirar la tabla clasificatoria para darse cuenta de cómo puede rendir uno y otro. Los últimos precedentes, también están ahí, y los verdiblancos salen escaldados. Pero sí me gustaría hacer hincapié en la dimensión de un partido que paraliza la ciudad y que, afortunadamente, ya no es motivo de guerras entre clubes y episodios que a nadie le gustaría recordar entre aficiones. Sólo, dar paso al fútbol.

Es cierto que a los béticos, deprimidos esta temporada, les falta algo más para encarar esta eliminatoria de la forma en la que lo van a hacer los sevillistas. Si ambos llegaran en una buena situación tanto deportiva como institucional, todo tendría un ambiente más propicio. De hecho, muchos aficionados del Betis no querían que este derbi se produjera, por temor a volver a salir ridiculizado por el Sevilla. No pasa nada. Es fútbol y hay que disfrutarlo tal y como viene.

Pero lo verdaderamente importante es que ruede la pelota y que Sevilla muestre a sus dos clubes centenarios a Europa, y 'su' partido grande. Que no se hable de la entrada en prisión de Del Nido, ni del desgobierno en el Betis, ni el fracaso que supone el descenso a Segunda. Sólo fútbol. Sólo afición. Que gane el mejor, porque será lo justo. Miki Roqué y Puerta lo verán desde un palco VIP, orgullosos de todos.