
Sí, es cierto, el señor Gonzalez Vazquez 'maltrato' al Sevilla, pero no nos engañemos tampoco. El Sevilla y sus jugadores debieron ser más listos cuando, once contra once eran netamente superiores. Muchas tarjetas, muchas, pero hay que saber jugar el 'otro partido' a sabiendas del 'nivelito' de los árbitros en la liga BBVA. Habría mucho que analizar, pero aquí en El deporte como tal lo vamos a intentar resumir. El cuadro de Jiménez se presentaba en Mestalla después de la derrota ante el Getafe siete días antes, y sabiendo que a las puertas del 'Tourmalet' había que ganar o morir, porque se podía y de hecho se ha metido en un lío gordo. Lío del que puede salir él sólo, pero eso sí, no puede cometer más errores, amén de el supuesto del miércoles ante el arrollador Fútbol Club Barcelona. En el encuentro hubo de todo, expulsiones, goles, palos, penaltis, etc, vamos lo que se llama un partido completo.
Lo mejor para los intereses sevillistas fueron los primero veinte minutos. En ellos los nervionenses jugaron con el Valencia como si fuera un muñeco de trapo y pudieron hacer algún gol más, aparte del de Escudé, que en el minuto nueve remataba de forma bellisíma un corner botado por Renato. El Sevilla jugaba bien y cómodo ... hasta que aparecieron el árbitro, los nervios, y la poca inteligencia sevillista. Al igual que otras veces he alabado la forma de jugar ese 'otro partido' por parte nervionense hoy la debo poner en duda remitiéndome a los hechos acaecidos en Mestalla. La primera tarjeta para el conjunto rojiblanco es de chiste; Silva saca una falta rápido pero se la tira a Navas para que de en éste y recriminarle la amonestación. La segunda es una entrada clara de Duscher, merecida. La tercera y la cuarta a Adriano y a Squillaci son en una 'supuesta falta' que termina en bote neutral ... pa' verlo. Entre ellas, el Sevilla disponía de otra ocasión más, clarísima de Kanouté. Y entonces llega la expulsión de Adriano, tan injusta como innecesaria. Sabiendo que tenía tarjeta, hace una entrada dura sobre Villa, tarjeta clara. Pero antes del descanso el fútbol iba a ser un poco más cruel con los sevillistas y Escudé hacía un claro penalti sobre Mata que Villa se encargaba de transformar. Con esto se iban a los vestuarios.
Como un polvorón
Si la crónica terminara aquí no sería para nada omitir lo que hizo el Sevilla en la segunda mitad, porque no existió. Ni por arriba ni por abajo. Nulo. El Valencia (con un hombre más) pasó por encima de un Sevilla que estaba más pendiente de las decisiones del árbitro que del juego en sí. Y jugándose lo que se jugaban los dos, esa es una estrategia errónea. El conjunto de Emery lo vio mucho antes y empezó a comerse a su rival. Villa en dos ocasiones, una de ellas al palo, rozó la remontada. Mata se encontró con Palop, pero tanto fue el cántaro a la fuente, que terminó rompiéndose. Y otra vez de penalti. Unas manos absurdas de Fernando Navarro le costaron la pena máxima, aunque esta vez se salvó de la expulsión. Mata puso al los ches en ventaja. Ventaja que llevaría hasta el final, e incluso que aumento en una contra en la que Pablo Hernández puso el tercero.
Se mete en un lío porque el miércoles hay que jugársela con el Barça, ahí es nada. Pero lo importante es ganar al Madrid en domingo que viene, ahí esta la Champions, muy muy cerca, rozándola con los dedos.
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