martes, 23 de abril de 2013

Una permisividad excesiva

Diego Costa es un buen futbolista, un delantero con unas condiciones magníficas y un desgaste importante en el terreno de juego. Pero posee una cara oculta, un lado negativo, una forma de ser en el césped que resta valor a esas cualidades exclusivamente futbolísticas. Es una pena, pero no lo puede evitar. En la historia del fútbol ha habido muchos jugadores con esa cara B o lado opuesto que ha evitado o cortado su explosión como futbolistas. Éste es un buen ejemplo de ello. Además, el Atlético de Madrid de Simeone es un equipo ideal para que él sí explote esa provocación constante al rival y esa guerra permanente con todos los jugadores del equipo contrario. Un equipo hecho a su medida y con un entrenador que tuvo un estilo parecido como jugador.

El problema no es que Diego Costa sea así. El problema de verdad es la permisividad que tiene por parte de los árbitros y por parte de la Liga de Fútbol Profesional (LFP). En la Premier inglesa ya se le habría dado un toque desde los despachos para que se relaje y reste en esas provocaciones, guerrillas y se comporte como se tiene que comportar dentro del campo. Pero en la liga española, los mandamases que dirigen el 'cotarro' no entran a valorar, callan y otorgan. Por lo que el brasileño tiene carta blanca para hacer lo que le de la gana, provocar, fingir agresiones, sacar de quicio, etc. La LFP no es seria. Y esto daña la imagen del fútbol y no son los valores ideales para enseñar a los más pequeños que están empezando. Mal, muy mal. Por Diego Costa y por la LFP. Porque desde el Atlético de Madrid no se le va a decir nada, les viene bien este circo partido a partido.

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